Existen discrepancias sobre la inclusión de este cuadro, también conocido abreviadamente como ST, del TDAH o como una entidad que forma parte exclusiva de los trastornos extrapiramidales. Sin embargo el hecho de que las alteraciones del comportamiento y las características neuropsicológicas: ansiedad, depresión, problemas de concentración de los sujetos con tics asociados al TDAH sean considerablemente más patológicos que los que pueden observarse en sujetos con tics aislados,[1] hace pensar en la verdadera comorbilidad de los tics del ST en el TDAH
Hay estudios, sin embargo, en los que no ha podido constatarse una relación cerrada entre ST con con TDAH, ni entre los sujetos con ST ni entre los familiares[2]. En la vida de quienes padecen ST y TDAH pueden existir más problemas derivados de los trastornos propios del TDAH, especialmente durante los primeros años de la escolaridad, que los propios tics [3].
Estudios de imagen por resonancia magnética (RM) han mostrado desproporciones en el desarrollo de ciertas estructuras cerebrales con relación a otras y respecto al tamaño que se encuentra en los sujetos sin ST, en las que se asocia mayor gravedad de los tics con un menor desarrollo de las regiones orbitofrontal, temporal media y parietoccipital[4]. Ciertos estudios anatomofuncionales hacen pensar en que la iniciación y ejecución de diversos comportamientos motores y de vocalización , que caracterizan al ST, así como las manifestaciones impulsivas que frecuentemente las acompañan pueden estar causados por una actividad aberrante de los circuitos paralímbicos que interaccionan con las actividades sensoriomotoras, del lenguaje y de ejecución de funciones[5]. Algunos entienden que estos trastornos orgánicos se ven favorecidos por la situación mental de los sujetos, cuyos cambios pueden favorecer la presencia de los tics [6].
Últimamente se están sobrevalorando las cifras de sujetos que pueden padecer ST [7] y también los casos de ST relacionados con TDAH, que algunos sitúan hasta en un 60% [8]; estas cifras podrían ser exageradas en opinión de algunos, por la inclusión en ellas por niños tratados con psicoestimulantes. [9]
[1]Shin Ms, Chungg SJ, Hong KEM. Comparative study of the behavioural and neuropsychologic characteristics of tic disorder with or without attention-deficit hyperactivity disorder ADHD. J. Child Neurol 2001; 16: 719-26
[2] Kano Y, Ohta M, Nagai Y et al. A family study of Tourette syndrome in Japan, Am J Med Genet Neuropsychiatry Genet9 2001; 16: 719-26.
[3] Kadesjo B, Giliberg C. Tourettte´s disorder: Epidemiology and comorbidity in primary school children. J. Am Acad Child Adolesc Psychyatry 2000; 39:548-55.
[4] Paterson BS, Staib l, sCaill L, et al. Regional brain and ventricular volumes in Tourette syndrome. Arch gen Psychiatry 2001; 16: 58 : 427-40.
[5] Stern E, Silbersweig DA, Chee YK, et al. A functional neuroanatomy of tics in Tourette syndrome. Arch Gen Psychiaty 2000; 57: 741-8.
[6] Debinsky O A mind that tics Arch Gen Psychiatry 2000;57: 753.
[7] Mason A, Banerjee S, Eapen V, et al. The prevalence of Tourette syndrome in mainstream school population.Dev Med Child Neurol 1998; 40; 296-2.
[8] Goldman LS, Genel M, Bezman RJ, Slanetz PJ. Diagnosis and treatment of attention-deficit/hyperactivity disorder in children and adolescents. JAMA. 1998; 279: 1100-7
[9] Trawerse L. Prevalence of Tourette síndrome in a mainstream school population (letter). Dev Med Child Neurol 1998; 40:807.
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