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"El mejor regalo que se le puede dar a una persona, es la atención íntegra"
Richard Moss


26/3/11

Evolución del concepto

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es el término por el cual se conoce un síndrome caracterizado por tres síntomas nucleares de trastornos como son la inatención, la hiperactividad y la impulsividad.

La primera descripción que se conoce de un TDAH la realizó el pediatra inglés Still, en 1902, quien describió conductas impulsivas y agresivas, falta de atención y problemas conductuales que calificaba de “defectos del control moral”. La nomenclatura era lógica para la época, por que los trastornos asociados a este síndrome son importantes y desde luego muy llamativos. Lo que hacía que fueran niños distintos “incontrolables”, “problemáticos”, adjetivos que aún se manejan en la actualidad para describirlos.

Posteriormente los estudios realizados en todo el mundo en la primera parte del siglo XX, en los años 20 y 30 especialmente, Hohmán en 1922 de Khan y Cohen en 1934, indicaban que tras una lesión cerebral, encefalitis, etc. Se producían los mismos síntomas descritos por Still, con lo que se creyó que se encontraban ante un “síndrome de lesión cerebral humana”[1] de naturaleza eminentemente neurológica.


No fue sino hasta los años 60 cuando la mayoría de los investigadores comenzaron a darse cuenta de que los niños con la sintomatología hiperkinética o hiperactiva, no presentaban lesión cerebral alguna[2] y suavizaron el nombre denominándole daño cerebral mínimo o disfunción cerebral. De esta forma la etiología no sería una lesión cerebral concreta, sino una disfunción general, en la que el cerebro apareciera absolutamente normal, sin ningún tipo de patología constatable. El término de disfunción cerebral mínima, se adoptó en la década de los 60 por Clements y Peters[3] (Polaino Lorente, A, 1997), y se iba perfilando con la sintomatología siguiente: Trastornos de conducta motora, hiperactividad, alteración de la coordinación, trastornos de atención y trastornos perceptivos, dificultades de aprendizaje escolar, trastorno en el control de los impulsos, alteración en las relaciones interpersonales, trastornos afectivos, labilidad, disforia, agresividad, etc.[4]


De esta forma fue creciendo el concepto de “hiperkinesia”, cuyas características eran principalmente síntomas conductuales totalmente al margen del daño cerebral y el nivel de actividad sería el núcleo de toda alteración.


Aparece por primera vez en el Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales DSM II, publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría, en 1968, con el nombre de “Reacción Hiperkinética de la Infancia”,[5] con los criterios diagnósticos que se mantuvieron hasta la aparición de nuevos estudios que hicieron que el DSM III, los modificara como veremos a continuación.


Fue Douglas, en los años 70, quien argumentó que la deficiencia básica de los niños hiperactivos no era el excesivo grado de actividad, sino la incapacidad para mantener la atención, especialmente la atención sostenida y la impulsividad... es decir una insuficiente autorregulación [6] lo que está ya más cerca de la definición actual y que sigue siendo una explicación básica y reconocida aún en la actualidad. Sus estudios e investigaciones documentales también la utilización del metilfenidato para tratar el trastorno.


Virginia Douglas fue decisiva para que la Asociación Americana de Psiquiatría modificara su descripción en 1980 en su DSM III, en el que se introducen nuevos criterios y cambió el término llamándole “Déficit de Atención con o sin Hiperactividad”. En 1987 en la revisión del Manual de Diagnóstico y Estadística de Enfermedades Mentales DSMIII-R, se vuelve a dar importancia a la hiperactividad, situándola al mismo nivel que el defecto de atención.[7]



Había entonces mucha disparidad de criterios, y en esos momentos, años 80 y 90, es cuando realmente se realizan múltiples estudios e investigaciones que culminan en los criterios diagnósticos con los sistemas actuales de clasificación internacional, y que son los que manejamos en la actualidad. Nos referimos al Manual DSM IV (APA 2000) y el elaborado por la Organización Mundial de la Salud, “Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales” CIE-10 (OMS, 1992). Aunque la mayoría de los trabajos que se siguen en la actualidad se rigen por las versiones del DSM[8]. Es por ello que para los fines de este trabajo nos basaremos en los criterios de definición que presenta el DSM IV.


[1] Polaino Lorente, A. Y otros(1997) Manual de hiperactividad infantil. Madrid Unión editorial.

[2] Green, C y Chee, K. (1994. Understanding ADHD. Australia, Transworld.

[3] Polaino Lorente, A. Opcit.

[4] Ajuriaguerra, J.(1973) Manuel de Psychiatrie de l´enfant. Edición es español:Manual de psiquiatría infantil. Barcelona. Masson.

[5] Joselevich, E. (compiladora). (2000) Síndrome de deficit de atención con o sin hiperactividad. Buenos Aires. Piados.

[6] Miranda, A.; Jarque, S. L.; Soriano, M. (1999) Rev. Neurología 1999;28 (supl.2) S 182-S 188.

[7] Polaino, Lorente A. Op cit.

[8] Caballo, V. Y Simón, M.A. (2001) Manual de psicología clínica infantil y adolescente. Madrid .Pirámide.

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