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"El mejor regalo que se le puede dar a una persona, es la atención íntegra"
Richard Moss


26/3/11

Introducción

El Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) es hoy un tema que despierta gran interés por parte de profesionales de las áreas médica, psicológica y educativa, que trabajan en la ayuda de niños y adolescentes con este trastorno. A partir de los años 90 los avances han sido significativos en muchos países desarrollados, sobre todo en relación con las técnicas de diagnóstico y tratamiento. A partir de entonces se incrementó la realización de estudios e investigaciones que culminaron en una tipificación más precisa del trastorno y en los criterios de diagnóstico con los sistemas actuales de clasificación internacional.[1] Poco se ha hecho en México en cuanto a investigación sobre el tema. Aún son escasos los profesionales que se han especializado en el manejo de este trastorno; no obstante gracias a la iniciativa de instancias como la recientemente fundada Sociedad Mexicana de TDAH A.C., y otras instituciones gubernamentales como el Instituto de Comunicación Humana del la S.S.A, se puede ver el inicio de esta ardua tarea en nuestro país.

A pesar de que no existe un estudio en México[2] sobre la cantidad de niños afectados por este trastorno, la Asociación Mexicana de TDAH, estima que el 5 % de nuestra población infantil en edad escolar lo padece, mientras que la Sociedad Mexicana de Neurología tiene registrados a 800 especialistas de los cuales sólo 150 han recibido preparación para el manejo médico del TDAH; la mayoría de ellos, ubicados en las principales ciudades del país, por lo que difícilmente se puede tener una amplia cobertura. Por otra parte, los docentes que son quienes tienen contacto en primera instancia con niños con este trastorno no han sido capacitados para su detección y manejo dentro del aula.

La mayoría de psicólogos y pedagogos restringen su tarea en la detección del problema mediante el diagnóstico clínico aún sin el empleo de instrumentos específicos de detección, y el planteamiento de algunas estrategias de ayuda en terapia individual que no llegan a representar un apoyo significativo para quien padece el TDAH. Los padres de estos niños, por lo general, no han sido suficientemente informados sobre lo que el trastorno representa y les resulta verdaderamente difícil encontrar la ayuda adecuada.

La realidad y pronóstico son aún peores para los niños que padecen TDAH, ya que por falta de información de los adultos de su entorno y a que el trastorno es neurobiológico, el TDAH se convierte en una discapacidad “invisible”, por lo que es difícil percibir y aceptar su existencia para quienes tienen contacto con estos niños. Así mismo existe la tendencia natural a exigirles un desempeño igual que al resto de los niños de su edad y sexo, creando frustración y en muchas ocasiones etiquetándolos como “niños problema”, “flojos”, “distraídos”, “inquietos”, “rebeldes”, “incontrolables”, “desobedientes”, etc. Todo ello en deterioro de su autoestima, y sólo en pocos casos son debidamente diagnosticados y tratados.

En Estados Unidos se calcula que el 25% de niños con TDAH que no han sido diagnosticados o que no han recibido tratamiento adecuado, llegan a involucrarse en actividades de alto riesgo que les ocasionan problemas muy severos: Expulsión de la escuela o deserción, robos, mentiras, retos a la autoridad, faltas de respeto y agresiones.


Al llegar a la adolescencia, el problema se intensifica, ya que la sintomatología del TDAH provoca una serie de conductas que afectan el desarrollo tanto emocional, como social y académico. Muchos adolescentes para estas alturas detestan la escuela, ya que es el lugar en donde deben demostrar sus habilidades intelectuales. Su vida social normalmente es inconsistente, van de un grupo a otro, o tienden al retraimiento. Desean internamente ser iguales a los demás, pero como a lo largo de su vida han acumulado sentimientos de inadecuación e inseguridad, tienden a manifestar actitudes sociopáticas para obtener admiración y respeto de los demás. Suelen tener frecuentes problemas con las autoridades familiares, escolares y policíacas, ya que la impulsividad no les permite medir las consecuencias de sus actos.


Además de las dificultades anteriormente descritas el TDAH es un trastorno que por lo general no se presenta aislado, sino asociado con otras comorbilidades como son el trastorno de ansiedad, el trastorno de conducta (oposicionismo, disocial), de depresión, trastorno de aprendizaje, adicción, y Tourette entre otros, por nombrar a los más comunes. Es por ello que resulta de gran importancia contar con un marco teórico metodológico, comprensivo y sistemático, que permita abordar este problema con amplio conocimiento del mismo, así como con metodologías de diagnóstico y estrategias de manejo eficaces que permitan tratar este problema de manera integral, involucrando en este proceso a las personas que tienen ingerencia en la vida del niño con TDAH, ya que la responsabilidad de ayudarlo debe ser compartida por los padres, docentes, neurólogo y terapeuta.


[1] Se hace referencia al DSM IV (APA 2000) elaborado por la Organización Mundial de la Salud, “Clasificación Internacional de los Trastornos Mentales” CIE-10 (OMS, 1992).
[2] En México se carece de estudios que muestren cifras exactas sobre niños afectados por TDAH, o tratados. La Sociedad Mexicana de TDAH hace un estimado a partir de los estudios realizados en otros países como Estados Unidos y España. Para conocer la prevalencia de este trastorno en otros países consultar la tabla comparativa del anexo A.

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