Aunque la impulsividad se considera uno de los signos básicos del TDAH, existen grados muy graves que entran dentro de los trastornos comórbidos y que pueden inscribirse dentro del comportamiento antisocial. Si la impulsividad se acompaña de agresividad, el cuadro puede conllevar una gravedad alta y los sujetos que lo presentan pueden representar un peligro para cualquier persona que convive, trabaja o se relaciona con ellos. Padres, hermanos, esposa, hijos y compañeros de trabajo, que son las personas de su entorno, o bien antiguan novias, antiguos socios de negocios, anteriores esposas, así como cualquier persona con la que contacten ocasional o accidentalmente, pueden pasar malos momentos en su compañía, e incluso en su ausencia, ya que están expuestos a sufrir agresiones con consecuencias a veces irremediables.
Los hechos más trágicos pueden ocurrir cuando los afectos se encuentran en estado de embriaguez o bajo el efecto de drogas- sus estados de depresión, dentro del cuadro bipolar, tan frecuentemente padecido por estas personas, les hacen recurrir frecuentemente al consumo exagerado de alcohol y drogas-, o bien por sus reacciones mentales “en cortocircuito”, que pueden llevarles a tomar determinaciones y a cometer actos brutales e irracionales, como ilustran las páginas de sucesos de los periódicos. Una persona con estas características en nuestro entorno familiar y social es una “bomba de relojería” que llevamos constantemente con nosotros y cuya explosión puede ocurrir en cualquier momento.
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