INFANCIA
Existe una tendencia a padecer TDAH en aquellos niños que suelen mostrarse y responder más negativistas que los niños de su edad, sus reacciones emocionales son magnificadas, padecen trastornos de sueño y alimentación. Los bebés hacen vocalizaciones extrañas y tienden a ser mucho más alérgicos.
Toda esta sintomatología es necesario tomarla con pinzas, ya que también muchos niños que han sido diagnosticados con TDAH, han sido bebés tranquilos y sin ninguna seña aparente del trastorno.
Hasta los tres años es realmente difícil diferenciar la patología de la normalidad, ya que los periodos de atención cortos son característicos de esta edad y normalmente tienen mucha actividad motora. Sin embargo se ha encontrado que algunos patrones de conducta se salen del parámetro, tales como: dejan de dormir siesta a edades muy tempranas, tienen más accidentes que los demás niños y se denotan algunos movimientos motores menos coordinados, tanto finos como gruesos. Demandan mucha atención, les cuesta mucho trabajo estar y jugar solos , son muy celosos y suelen responder intensamente ante las rivalidades con los hermanos.
1.8.2 De los tres a los cinco años
Al crecer, las características van tomando ciertas formas, como sus respuestas en situaciones de tipo social, muchos padres reportan que simplemente dejan de salir con los niños, o que se convierte en un problema decidir a donde llevarlos y a donde no.
La dinámica familiar normalmente se altera, ya que es muy importante estar siempre en supervisión del infante. Su hiperactividad e impulsividad lo llevan a cometer actos que normalmente los hermanos no hicieron, tales como: salirse de la casa, brincar y treparse a las sillas sin ninguna conciencia del peligro al que se exponen. En actividades que se requiere compartir, escuchar o ejecutar una instrucción suelen fallar.
Presentan muy baja tolerancia a la frustración, por lo que no soportan perder y se desesperan por no poder aprender habilidades como los otros niños de su edad (andar en bicicleta, patines). Normalmente el niño puede presentar agresiones hacia sus hermanos, padres y compañeros de juego derivadas de la falta de autocontrol y frustración.
Se les dificulta respetar las normas de la casa o escuela y pareciera que no internalizan ni escucharan las rutinas como lavarse los dientes, manos, comer con los cubiertos, etc. Todas aquellas actividades que requieren de espera y control se perciben alteradas así como el control de esfínteres, cooperar para que se le vista, esperar a que la mamá lo atienda y en general dilatar sus necesidades.
Para este momento los conflictos de pareja llegan a puntos extremos, ya que discuten constantemente debido a que cada uno percibe que el otro no es lo suficientemente severo para poner orden y educar al niño.
1.8.3 De los cinco a los doce años
Si para entonces a sintomatología no ha sido detectada, al ingresar a la primaria es la prueba de fuego, ya que por las características del sistema educativo el niño debe haber desarrollado tanto habilidades sociales como emocionales y pedagógicas que incluyen atención, control de su impulsividad, tolerancia a la espera y haber aprendido a dilatar sus necesidades. Ahora el niño ya no solo se encuentra bajo la observación de sus padres, sino que la escuela juega un papel preponderante en la evaluación del trastorno.
Por lo tanto, generalmente desde el primer año de primaria empezaran a mostrarse de manera más evidente todas estas características que no permiten al niño desarrollarse de manera adecuada tanto con sus compañeros como con las autoridades.
Sus periodos de atención varían significativamente; le es difícil al niño llevar acabo instrucciones en las cuales se incluyan dos o tres comandos a la vez, no pueden terminar un trabajo ya que suelen saltar de una a otra actividad; el vuelo libre de ideas lo lleva a no centrar sus intereses en un solo objetivo, por lo tanto no puede atender a todos los detalles que la escuela exige, tales como la calidad esperada, ortografía , adecuada organización del pensamiento para transmitir sus ideas tanto orales como escritas.
Para algunos niños el aprendizaje de la lectoescritura representa un verdadero reto, ya que tendrá que controlar sus impulsos para que le permitan llevar a cabo actividades precisas. Normalmente van a centrar su atención en detalles no importantes en la lectura, por lo que el realizar un resumen o rescatar información no implícita en el texto representa el haber podido consolidar habilidades que requieren de atención sostenida, concentración y búsqueda de los significantes, por lo tanto los niños que manifiestan problemas en esta área no podrán llevar a cabo este tipo de trabajos en los tiempos esperados.
El aprendizaje de las ciencias sociales y naturales determinan, además de la habilidad de lectoescritura la habilidad de memorización con la intención de relacionar datos y fechas que los ubiquen en espacio y tiempo, por lo que comúnmente pierden el interés, llevándolos a obtener calificaciones bajas en estas materias. Requieren además del manejo de un vocabulario que les facilite la comprensión de los conceptos y palabras abstractas como espacio, infinito, universo, etc.
En otro sentido, aquellos niños que manifiestan intereses centrados en lectoescritura es probable que su problemática se encuentre en el área de matemáticas donde de igual manera necesita apoyarse de forma ordenada para poder entender los procesos de un sistema, que evidentemente es muy importante para el aprendizaje de las matemáticas, ya que toda operación y resolución de problemas lleva implícito un procedimiento preciso.
Suelen olvidar con frecuencia algunos de los pasos en las mecanizaciones y/o confunden los conceptos. Necesitan apoyarse con material concreto, aún en los grados superiores, ya que el pensamiento abstracto que requiere de una sistematización y orden interno, no lo han desarrollado. Las características del pensamiento lógico-matemático que entre algunas son la reversibilidad, la búsqueda de diferentes alternativas para explorar soluciones, flexibilidad de pensamiento, descomponer el todo en partes y ubicar la unidad como en las fracciones y las equivalencias, la geometría y posteriormente en la teoría de conjuntos y aprendizaje de álgebra. Es usual que al clasificar o seriar el niño tenga dificultades para encontrar diferentes criterios, ya que únicamente busca terminar la tarea y salir del paso debido a la impulsividad, o solo puede centrar su atención en una sola de las características sin tomar en cuenta las otras variables, tampoco puede darle tiempo a encontrar las diferentes particularidades de los elementos que le proporcionan los criterios de figura, tamaño, color forma y función de los elementos, debido a su distractibilidad y falta de concentración. Por lo tanto en la medida que las demandas de los grados escolares superiores sean mayores el niño comienza a mostrar deterioro tanto en el rendimiento escolar como en su autoestima.
Con frecuencia desarrollan trastornos del aprendizaje como resultado de su hiperactividad, inatención y pobre control de sus impulsos. Sin embargo el coeficiente intelectual y las sobrecompensaciones que cada niño vaya desarrollando con estrategias es lo que va marcando la dinámica del diagnóstico, tratamiento y pronóstico entre cada niño.
La impulsividad les acarrea una serie de conflictos que no son capaces de identificar, ya que al presentarse una situación donde el tiene que responder con las características esperadas para la madurez de un niño de su edad cronológica responde mucho más inmaduro, es decir: normalmente reporta lo que le hacen los demás sin poder darse cuenta que probablemente el ocasionó esta reacción en su compañero.
No detectan el lenguaje no verbal en los demás, por lo tanto no dejan de interrumpir, continúan la broma o manifiestan emociones fuera de lugar y contexto lo cual irrita a las personas que conviven con él. Normalmente toman las cosas sin pedirlas primero, si durante la clase recuerdan algún dato que para ellos es importante lo verbalizan sin importar que la maestra o los demás estén trabajando en otra actividad.
Tampoco son capaces de atender las normas establecidas dentro de un salón de clases. Levantan la mano antes de que la maestra termine de hacer una pregunta, se levantan y deambulan por todo el salón, tiran y desordenan el material escolar. En su mesa de trabajo se encuentran objetos y materiales que no necesitan. Interrumpen el trabajo de los demás, con actitudes como pararse y quitarles la regla, romperles la mochila o enojarse por que no les hacen caso cuando ellos lo desean.
Su ritmo de trabajo difiere mucho de los demás, frecuentemente su trabajo es lento y no atienden a la calidad o intentan terminar rápidamente si se engancharon en la competencia por ser el primero, pero con un costo importante en cuanto a la calidad del trabajo y al aprendizaje significativo. Necesitan que se repita la instrucción individualmente y en varias ocasiones. No retienen la información completa. Pierden el objetivo con facilidad. No distinguen una broma de una ofensa, por lo cual constantemente están inquietos, ya que no pueden esperar que la maestra intervenga para arreglar el problema.
Presentan problemas cuando el trabajo debe ser desarrollado en equipo ya que no escuchan ni respetan las opiniones de sus compañeros. Olvidan traer lo que se les pide, desde la firma de un recado hasta el material para llevar a cabo una actividad. No obstante, si hacen la tarea se olvidan de ponerla en la mochila, o la dejan sobre su escritorio, a pesar de anotar la tarea, olvidan los libros y textos en la escuela que deben llevarse a casa para hacer la tarea. Confunden con frecuencia el día que tienen que llevar el uniforme de deportes y por lo tanto lo traen cuando no deben traerlo.
Todo este cuadro les impide que sus compañeros y maestros confíen en ellos, de tal forma que no son bien aceptados para elaborar trabajos de equipo o encargarles alguna responsabilidad. Debido a que los niños no retienen la información completa, interpretan la misma de forma diferente y los resultados son negativos.
Dado a que en su mayoría son niños muy inteligentes se percatan de sus fracasos, de su inhabilidad para resolver ejercicios que los demás si pueden, pero especialmente comienzan a sentirse “raros”, “diferentes”, “tontos” y desgraciadamente comienzan a desarrollarse problemáticas de tipo emocional que afectan la autoestima de forma directa. En muchas ocasiones prefieren portarse mal y hacer travesuras para que se les identifique como traviesos, inquietos o flojos, antes de que los compañeros, maestros padres y hermanos se percaten de la realidad que viven todos los días y en cada momento que es el sentirse y vivir intelectualmente como discapacitados.
Aproximadamente el 25% de estos niños se involucran en actividades de alto riesgo que les ocasionan problemas muy severos: Expulsiones de las escuelas, robos, mentiras, deserción escolar, retos a la autoridad, faltas de respeto y agresiones.
1.8.4 Adolescencia.
El período adolescente y el TDAH no son precisamente la mejor combinación, ya que precisamente esta etapa se caracteriza por cambios bruscos de humor, físicos, intereses intelectuales e inestabilidad motora, así como en un momento dado permanecen distantes e impasibles ante el mundo, en otros momentos tienen prisa por hacer todo al mismo tiempo.
Sin embargo la sintomatología de los adolescentes que presentan TDAH provoca una serie de conductas que altera de manera significativa su desarrollo tanto emocional, social y académico. Muchos adolescentes para estas alturas detestan la escuela ya que es el lugar donde deben mostrar sus habilidades intelectuales, sin embargo, también es cierto que han podido (en algunos casos) desarrollar estrategias para pasar las materias. El sistema educativo del bachillerato ayuda a aquellos chicos cuyos periodos de atención continúan siendo cortos, ya que está dividido por materias y a su vez cada clase tiene una duración de cincuenta minutos. Esto da como resultado que puedan moverse, intercambiar socialmente, cambiar de materia, de escenarios y de modos de trabajar. El bachillerato en si es mucho más dinámico que la primaria. Al ser las materias independientes ayuda a que el adolescente pueda centrar sus intereses, atender y tener más posibilidades de logro en aquellas materias que se les faciliten.
Por otro lado, la organización intrínseca del bachillerato puede causarle mayor desorganización, ya que ahora el es el responsable de consolidar muchas variables, tales como acordarse de llevar el material para cada clase, las tareas normalmente son diferidas en tiempos, llegar a tiempo a clases y a la que le corresponde, etc.
Obviamente las exigencias académicas son mayores, aquellos niños cuyo coeficiente intelectual es alto y además han desarrollado estrategias, van a tener más éxito en relación a aquellos alumnos cuyo C.I. sea más bajo y que sus conductas impulsivas no le hayan podido ayudar a desarrollar estrategias de aprendizaje. (Todo esto pensando que por algún motivo no haya sido diagnosticado y que por lo tanto no haya tenido la oportunidad de haber sido tratado).
La vida social del adolescente que padece TDAH normalmente va a ser muy inconstante, van de un grupo a otro o tienden al retraimiento. Desean internamente ser iguales a los demás, pero como precisamente durante todos estos años se han acumulado una serie de sentimientos de inadecuación e inseguridad manifiestan tendencias sociopáticas para obtener admiración y respeto de los demás. Suelen involucrarse en problemas con las autoridades familiares, escolares y policíacas, debido a que la impulsividad no les permite medir las consecuencias de sus actos.
Se ha demostrado que aquellos adolescentes que padecen TDAH tienden a adquirir adicciones, embarazos no deseados, accidentes y problemas con la justicia en mayor proporción a aquellos que no lo padecen.
La impulsividad, la dificultad para retardar sus necesidades, la intensidad emocional con la que viven y sus incumplimientos consolidan un cuadro muy difícil para comenzar a trabajar en un tratamiento.
1.8.5. Edad adulta.
Ahora sabemos que el TDAH no desaparece en el transcurso de la vida, no obstante al llegar a la edad adulta normalmente las personas ya han desarrollado una serie de estrategias que les permite ser funcionales, sin embargo los costos emocionales que han tenido que pagar son muy altos.
Algunos síntomas como la inatención, impulsividad y la intensidad emocional pueden persistir, sin embargo ahora el adulto ya no tiene que ir a la escuela y atender por horas un tema que no le interesa, puede escoger su actividad y distribuir su tiempo de la manera que más le convenga. Pueden ser personas muy respetadas en su profesión, ya que sus altos niveles de energía la capacidad de observación y ciertos niveles de agresión canalizada apropiadamente para determinadas funciones les permitirán llevar una vida funcional. Por otro lado requerirán mucha ayuda para planear desde sus días hasta sus finanzas, estructuras externas que los organicen internamente, un enorme entendimiento de parte de sus parejas así como de su familia, ya que sus inhabilidades sociales y dificultades para aceptar y manejar los cambios no son voluntarios, ya que durante toda su vida han sido personas que han sufrido grandes rechazos, incertidumbre e inseguridades que han conformado una personalidad muy inestable.
La detección temprana, los diferentes tratamientos, la aceptación de la problemática, el potencial intelectual y el desarrollo adecuado de habilidades tanto sociales, como emocionales e intelectuales son factores que determinan el pronóstico.
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