Una característica común en los sujetos TDAH es su amor por ellos mismos. Ello queda expresado desde las primeras edades hasta los últimos años de la vida. Este sentimiento no nace de una autoestima alta, ya que generalmente los pacientes la tienen baja (su círculo afectivo está bloqueado hacia el medio externo por una barrera impermeable que los aisla del exterior). Desde los primeros años de vida, estos niños comienzan a demostrar su egocentrismo y sus deseos de tener a todo el mundo a su servicio y a sus órdenes. Es muy típico de estos niños tener a los padres pendientes de él cuando le dan la comida con frases que se repiten alternativamente en forma de “ahora quiero que me lo de mamá”, para pasar a decir al instante “ahora quiero que me lo de papá”. Desde los primeros años muestran indiferencia o grandes celos hacia sus hermanos, sin asumir ninguna responsabilidad en el cuidado de los más pequeños -ellos siempre asumen el papel del más pequeño y reclaman todos los mimos y atención-. Cuando no tienen hermanos, su comportamiento es interpretado como “síndrome de hijo único”. El hecho real es que se comportan igual cuando son dos, tres o cuatro hermanos; ellos precisan todas las atenciones y los demás “no existen”. Siempre intentan sacar el mayor provecho y poner el menor esfuerzo en cualquier faceta que emprendan o entorno familiar; casi siempre lo consiguen, y nunca están contentos porque estiman que deberían haber obtenido más, es decir, todo el afecto, atenciones, obsequios, beneficios económicos, etc. Dado que el problema fundamental de estas personas - no importa la edad que tengan- radica en su insensibilidad afectiva, incluso cuando obtienen todo para sí y dejan sin nada a los demás (sean hermanos, compañeros, etc.) todavía siguen considerándose perjudicados por que piensan que debe haber algo - la mayoría de las veces ni ellos saben que- que no ha ido a su poder. Por ello, siempre se quejan de todo y se consideran perjudicados e infravalorados. Naturalmente su destino final es el de perdedores porque no cuentan con ningún amigo y, en la edad adulta, sus parejas, que los conocen bien por que los sufren a diario, aguantan como pueden la relación, que suele ser más convencional que amorosa.
Pese a que se enfatice poco habitualmente sobre el problema de la afectividad en las personas con TDAH, nosotros lo consideramos como la faceta más consustancial con la personalidad de estos sujetos y la que los condena a una vida en la que tienden a rodearse de mucha gente, pero a “encontrarse siempre solos”.
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